Hace un año
do Hace un año, para ser precisa el martes 4 de noviembre del 2008, salía de la cafetería que me dio refugio por mucho tiempo con la intención de llegar a mi casa pronto. Caminé por Río Elba hacia Reforma donde tomaría el transporte, pero al llegar exactamente a la avenida algo me paralizó:
Una escuadrilla de camiones de bomberos a toda velocidad pasaron ante mis ojos con la sirenas en señal de alerta; a continuación una docena aproximada de patrullas que también cantaban peligro.
Me quedé pensativa por la duda que me ocasionó tanto escándalo.
Esperé 10 min y me percaté que ningún transporte pasaba por el lugar. De inmediato regresé a la cafe para averiguar que sucedía.
"Cayó un helicóptero a la altura de la fuente de petróleos", aseguró un cliente del negocio, cuando yo ya anticipaba una llamada a mi padre.
--Papá, no he podido salir de aquí, algo sucedió en Reforma, no hay transporte. me dicen que es un helicóptero caído.
--¿Y porque no lo averiguas tú misma?
En seguida dejé mi bolso en la cafetería, le expliqué a Filo y salí rumbo al lugar de los hechos. Al principio pensé que sería divertido y fácil; como no había ningún tipo de vehículos que pudieran acercarme a periférico decidí caminar (llevaba tacones), pero comenzó la desesperación ya que seguí caminando y no llegaba a mi destino, así que me quité los zapatos... descalza corrí.
Corrí hasta llegar al lugar del siniestro que ya estaba invadido por policías federales y granaderos. Intenté de inmediato entrar hasta la zona en donde "el helicóptero" o lo que quedaba de él se desvanecía en llamas.
-¡Sólo permito el paso si trae identificación!- me gritó un policía mientras observaba como los reporteros que mostraban un carnet de sus respectivos medios no perdían más tiempo en ingresar a la zona.
Desesperada por lograr mi entrada, corrí al otro extremo con el fin de encontrar un espacio descuidado por los elementos policiacos y así, sin que nadie me permitiera nada, ver con mis ojos el acontecimiento.
En eso recibí una llamada de Emilio Viale (Periodista de Crónica que me guió).
"Oye, tienes que entrar a como de lugar, dicen que no es helicóptero, es una avioneta y parece que es la del secretario de Gobernación".
La adrenalina que provocó tal declaración hizo que saltara la línea de precaución y escapara de los brazos de un policía que corrió trás de mi. Para mi mala suerte solo pude safarme del gorila uniformado unos pasos cuando tomo mi brazo derecho para detenerme. Me resistí de tal manera que descuidó el lugar donde ya varias personas desataban un caos e intentaban entrar a la fuerza; ante la circunstancia me cargó sobre su hombro y me sacó.
Luego de un pequeño enfrentamiento que se originó entre camarógrafos y reporteros con granaderos que emplearon la fuerza para alejarnos del peligro, el jefe de gobierno del DF, Marcelo Ebrard, se aproximaba para dar una explicación a lo sucedido.
-Efectivamente. Los datos recabados hasta el momento indican que en el jet que se desplomó, viajaba el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño. Es todo hasta el momento, no se sabe cual fue la razón, estamos en eso...
En cuanto todo el panorama se fue despejando poco a poco, comencé a observar detalles que antes por la tensión había descuidado. Pedazos del jet regados por jardineras, una ala del jet incrustado en un vehículo, vidrios incontables por el suelo. ¿Algo más aterrador? una mano humana, piel en los arbustos...
La infinidad de los testimonios y el frío en mis huesos anunciaron que el tiempo había pasado y que tenía que regresar a casa. Y así regresé ese 4 de noviembre con las rodillas raspadas (no me di cuenta en que momento las raspé) y los pies adoloridos.
Una escuadrilla de camiones de bomberos a toda velocidad pasaron ante mis ojos con la sirenas en señal de alerta; a continuación una docena aproximada de patrullas que también cantaban peligro.
Me quedé pensativa por la duda que me ocasionó tanto escándalo.
Esperé 10 min y me percaté que ningún transporte pasaba por el lugar. De inmediato regresé a la cafe para averiguar que sucedía.
"Cayó un helicóptero a la altura de la fuente de petróleos", aseguró un cliente del negocio, cuando yo ya anticipaba una llamada a mi padre.
--Papá, no he podido salir de aquí, algo sucedió en Reforma, no hay transporte. me dicen que es un helicóptero caído.
--¿Y porque no lo averiguas tú misma?
En seguida dejé mi bolso en la cafetería, le expliqué a Filo y salí rumbo al lugar de los hechos. Al principio pensé que sería divertido y fácil; como no había ningún tipo de vehículos que pudieran acercarme a periférico decidí caminar (llevaba tacones), pero comenzó la desesperación ya que seguí caminando y no llegaba a mi destino, así que me quité los zapatos... descalza corrí.
Corrí hasta llegar al lugar del siniestro que ya estaba invadido por policías federales y granaderos. Intenté de inmediato entrar hasta la zona en donde "el helicóptero" o lo que quedaba de él se desvanecía en llamas.
-¡Sólo permito el paso si trae identificación!- me gritó un policía mientras observaba como los reporteros que mostraban un carnet de sus respectivos medios no perdían más tiempo en ingresar a la zona.
Desesperada por lograr mi entrada, corrí al otro extremo con el fin de encontrar un espacio descuidado por los elementos policiacos y así, sin que nadie me permitiera nada, ver con mis ojos el acontecimiento.
En eso recibí una llamada de Emilio Viale (Periodista de Crónica que me guió).
"Oye, tienes que entrar a como de lugar, dicen que no es helicóptero, es una avioneta y parece que es la del secretario de Gobernación".
La adrenalina que provocó tal declaración hizo que saltara la línea de precaución y escapara de los brazos de un policía que corrió trás de mi. Para mi mala suerte solo pude safarme del gorila uniformado unos pasos cuando tomo mi brazo derecho para detenerme. Me resistí de tal manera que descuidó el lugar donde ya varias personas desataban un caos e intentaban entrar a la fuerza; ante la circunstancia me cargó sobre su hombro y me sacó.
Luego de un pequeño enfrentamiento que se originó entre camarógrafos y reporteros con granaderos que emplearon la fuerza para alejarnos del peligro, el jefe de gobierno del DF, Marcelo Ebrard, se aproximaba para dar una explicación a lo sucedido.
-Efectivamente. Los datos recabados hasta el momento indican que en el jet que se desplomó, viajaba el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño. Es todo hasta el momento, no se sabe cual fue la razón, estamos en eso...
En cuanto todo el panorama se fue despejando poco a poco, comencé a observar detalles que antes por la tensión había descuidado. Pedazos del jet regados por jardineras, una ala del jet incrustado en un vehículo, vidrios incontables por el suelo. ¿Algo más aterrador? una mano humana, piel en los arbustos...
La infinidad de los testimonios y el frío en mis huesos anunciaron que el tiempo había pasado y que tenía que regresar a casa. Y así regresé ese 4 de noviembre con las rodillas raspadas (no me di cuenta en que momento las raspé) y los pies adoloridos.
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