Personaje
Hay personajes que me encuentro por una u otra cosa que me parecen peculiares, interesantes y graciosos; con los que, si tuviera una inmensa imaginación, armaría toda una historia.
Existe un viejo vecino, que me encuentro siempre cuando voy hacia mi trabajo y que siempre ha atraído mi atención y mi simpatía.
Siempre a la misma hora, se encuentra sentado en su pórtico oscuro repleto de plantas con un libro o periódico en una mano, en la otra sostiene un cigarrillo. En el fondo la voz de María Callas o alguna pieza de Mozart armoniza deliciosamente la imagen.
El hombre solitario de aproximadamente 70 años vive rodeado de gatos de todo tipo de tamaños y colores, todos los mininos huyen de mi cuando busco acariciarlos o jugar con ellos; el señor, me miraba cuando pasaba con un aire de curiosidad, gracia y cordialidad.
Todos los días pienso: "Que ganas de sentarme con él a conversar y saber más de su vida, o simplemente acompañarlo en su lectura yo con un libro en la mano y la música nuestra amiga".
Es muy probable que este señor tenga una historia. Me gustaría saber por qué esta solo, por qué su afición por los gatos y las plantas, y aunque es probable que adivine su inclinación porque siempre lee La Jornada, saber cuales son sus perspectivas políticas.
En la última semana, sin evitarlo le regalé una sonrisa muestra de mi fascinación hacia su ángel y hacia su entorno acogedor. Al siguiente día él inclinó su cabeza con agrado regalándome un saludo que me encantó.
Desde ese día siempre buscamos el saludo con la cabeza, incluso, hubo un momento en el que lo hicimos con la mano, de una manera más jovial.
Les dejo un texto encantador (aprovechando)
Colgarse de un Árbol
Por: Guillermo Fadanelli
Acabo de estar cerca de 30 días en Francia. La mayor parte del tiempo en París, aunque una semana me refugié en una playa solitaria en la costa sur, cerca de Toulon. Mi deber como escritor es contar a ustedes historias interesantes consecuencia de las experiencias vividas durante el viaje, pero contra los cánones me he decidido por una historia personal, con la esperanza de que algún lector comprenda los avatares de mi desasosiego.En parís conocí a una mujer de nombre Mariana. Ella es joven, delicada y vive en una buhardilla ubicada en un barrio que no podría señalar en un mapa. Antes de continuar tendría que decir que en poco tiempo cumpliré 50 años y cuando Mariana abrió los ojos al mundo por primera vez mi memoria recitaba ya de memoria la obra de Sastre, Camus, y por supuesto la de Céline. Mariana es amante de la literatura y pone en riesgo su futuro dedicándose a una actividad tan poco apreciada en estos días. Las dos ocasiones que no llegué a dormir a mi hotel pasé la noche en vela a su lado. El oriente de estas palabras es una pregunta sencilla: ¿puede amarse a varias mujeres a un mismo tiempo? Estoy convencido de que es posible, aunque esto carecería de sentido si no se considerara a cada mujer como un mundo aparte. Si se deseara sustituir a una mujer por otra lo más honroso sería colgarse de un árbol antes de cometer dicha barbarie: es una ofensa absoluta para cualquier mujer que uno desee reemplazarla por otra como si fuera un florero.Les cuento que estuve a un paso de abandonarme a esa atracción inesperada y comenzar todo de nuevo, pero permití a la mediocridad que suele habitarme imponerse sobre mi deseo de ser otro. No me arrepiento porque la renuncia posee un peso considerable en la vida de los hombres. Renunciar es afirmarse.Las personas no se enamorarían si no hubieran escuchado antes hablar acerca del amor. Esto es cierto porque los sentimientos son siempre distintos cuando son provocados por diferentes personas. Y conservar a toda costa dicha diferencia es necesario para vivir con un poco de dignidad. Ahora comprendo más cabalmente por qué renuncié a este enamoramiento compulsivo; porque pese a ser moralmente un hombre incompleto, cada persona que ha aceptado compartir su tiempo conmigo representa para mí una especie de salvación que agradezco profundamente. Y no importa si mi relación con una mujer ha durado unos cuantos días: es justo a partir de su efímera presencia donde todo vuelve a comenzar.Antes solía decir que un sentimiento permanente no es humano y que quienes lo encarnan están más cerca de ser dioses que mortales. Y sin embargo, ahora me he vuelto un conservador.Conforme pasan los años, como lo hiciera uno de mis escritores más apreciados, Norman Mailer, apelo a la renuncia para concentrarme en una sola mujer; sé que obrar de esta manera es invocar a la muerte, pero no me preocupa demasiado. Después de todo, me arrepentiré.
Existe un viejo vecino, que me encuentro siempre cuando voy hacia mi trabajo y que siempre ha atraído mi atención y mi simpatía.
Siempre a la misma hora, se encuentra sentado en su pórtico oscuro repleto de plantas con un libro o periódico en una mano, en la otra sostiene un cigarrillo. En el fondo la voz de María Callas o alguna pieza de Mozart armoniza deliciosamente la imagen.
El hombre solitario de aproximadamente 70 años vive rodeado de gatos de todo tipo de tamaños y colores, todos los mininos huyen de mi cuando busco acariciarlos o jugar con ellos; el señor, me miraba cuando pasaba con un aire de curiosidad, gracia y cordialidad.
Todos los días pienso: "Que ganas de sentarme con él a conversar y saber más de su vida, o simplemente acompañarlo en su lectura yo con un libro en la mano y la música nuestra amiga".
Es muy probable que este señor tenga una historia. Me gustaría saber por qué esta solo, por qué su afición por los gatos y las plantas, y aunque es probable que adivine su inclinación porque siempre lee La Jornada, saber cuales son sus perspectivas políticas.
En la última semana, sin evitarlo le regalé una sonrisa muestra de mi fascinación hacia su ángel y hacia su entorno acogedor. Al siguiente día él inclinó su cabeza con agrado regalándome un saludo que me encantó.
Desde ese día siempre buscamos el saludo con la cabeza, incluso, hubo un momento en el que lo hicimos con la mano, de una manera más jovial.
Les dejo un texto encantador (aprovechando)
Colgarse de un Árbol
Por: Guillermo Fadanelli
Acabo de estar cerca de 30 días en Francia. La mayor parte del tiempo en París, aunque una semana me refugié en una playa solitaria en la costa sur, cerca de Toulon. Mi deber como escritor es contar a ustedes historias interesantes consecuencia de las experiencias vividas durante el viaje, pero contra los cánones me he decidido por una historia personal, con la esperanza de que algún lector comprenda los avatares de mi desasosiego.En parís conocí a una mujer de nombre Mariana. Ella es joven, delicada y vive en una buhardilla ubicada en un barrio que no podría señalar en un mapa. Antes de continuar tendría que decir que en poco tiempo cumpliré 50 años y cuando Mariana abrió los ojos al mundo por primera vez mi memoria recitaba ya de memoria la obra de Sastre, Camus, y por supuesto la de Céline. Mariana es amante de la literatura y pone en riesgo su futuro dedicándose a una actividad tan poco apreciada en estos días. Las dos ocasiones que no llegué a dormir a mi hotel pasé la noche en vela a su lado. El oriente de estas palabras es una pregunta sencilla: ¿puede amarse a varias mujeres a un mismo tiempo? Estoy convencido de que es posible, aunque esto carecería de sentido si no se considerara a cada mujer como un mundo aparte. Si se deseara sustituir a una mujer por otra lo más honroso sería colgarse de un árbol antes de cometer dicha barbarie: es una ofensa absoluta para cualquier mujer que uno desee reemplazarla por otra como si fuera un florero.Les cuento que estuve a un paso de abandonarme a esa atracción inesperada y comenzar todo de nuevo, pero permití a la mediocridad que suele habitarme imponerse sobre mi deseo de ser otro. No me arrepiento porque la renuncia posee un peso considerable en la vida de los hombres. Renunciar es afirmarse.Las personas no se enamorarían si no hubieran escuchado antes hablar acerca del amor. Esto es cierto porque los sentimientos son siempre distintos cuando son provocados por diferentes personas. Y conservar a toda costa dicha diferencia es necesario para vivir con un poco de dignidad. Ahora comprendo más cabalmente por qué renuncié a este enamoramiento compulsivo; porque pese a ser moralmente un hombre incompleto, cada persona que ha aceptado compartir su tiempo conmigo representa para mí una especie de salvación que agradezco profundamente. Y no importa si mi relación con una mujer ha durado unos cuantos días: es justo a partir de su efímera presencia donde todo vuelve a comenzar.Antes solía decir que un sentimiento permanente no es humano y que quienes lo encarnan están más cerca de ser dioses que mortales. Y sin embargo, ahora me he vuelto un conservador.Conforme pasan los años, como lo hiciera uno de mis escritores más apreciados, Norman Mailer, apelo a la renuncia para concentrarme en una sola mujer; sé que obrar de esta manera es invocar a la muerte, pero no me preocupa demasiado. Después de todo, me arrepentiré.
Comentarios
pues qué buena memoria de ese fadanelli para saberse la obra de sartre (tu papá, jeje), camu y celine, es como un funes, el memorioso
te amo!
y siempre te llevare a cualquier parte a la que decida ir... nunca lo olvides, nadie, ni nada separara nuestra maravillosa union y nuestro amor!
te llevo en el alma hermanita...
siempre tuya...
Hefzi