El arte de Callar
Hoy una parte de mi se ha quedado muda. Mi ser me indicó que debo dejar que el silencio invada mi vida.
Desde adolescente me he caracterizado por ser muy expresiva no sólo por medio de la palabra sino por mi forma de dar y confiar todo a mis afectos, o lo que es peor a los que considero "buenas personas". Ésto me ha traído grandes experiencias pero también grandes decepciones porque suelo confiar en la gente y pensar que todos son como yo: personas inocentes, nobles, sin afán de perjudicar a los demás por sentimientos como la envidia.
Hablar. El comunicarse con todos por medio de la palabra siempre ha sido fundamental en mis relaciones; el compartir un poco o un mucho de mi palabra es natural. No lo pienso, sólo hablo, me sale así, nunca me ha importado compartir de todo y con todos, sin embargo hoy me ha llegado la factura de esa forma de vivir, de pensar y de compartir con las personas que se encuentran alrededor.
Es doloroso darse cuenta que el hablar es una forma de perjudicar tu tranquilidad y es también, por increíble que me parecía, una forma de entregar herramientas a las personas que no te quieren para que logren su objetivo, y es mas doloroso todavía descubrir que el hablar es un simple verbo que más que ayudarte a estrechar relaciones importantes sirve para cavar tu propia tumba.
Bueno. Ahora el asunto no es callar por callar, sino saber hacerlo, porque imagínense ustedes que una mujer como yo, expresiva desde naturaleza, desea expresar o más bien seguir expresando, imaginar que realmente si puedes confiar en los demás si hablas con ellos para compartir mediante el habla un cachito de tu ser. He ahí el dilema.
Y estaba pensando en esto cuando, luego de esta gran desilusión tomé un libro de mi madre para alivianar una depresión desastrosa y leí unas líneas de Elena Poniatowska que decían que el escribir “te enseña a guardar silencio”. Y aquí estoy, convencida a callar pero expresando sin hablar; sé que no es una persona, es una hoja, pero no importa, ahora tendré que seguir callando y escribiendo.
Hoy me he quedado un poco muda y por lo tanto me he convertido un poco en otra. Provoco también estar sola, la soledad es parte de ese silencio, pero el estar solo no implica quedarte callado contigo mismo, por eso el escribir y el saberte ahí. La traición no es de uno mismo.
La gente es la que te daña y te lastima. Los amigos como dice el dicho: "se cuentan con los dedos de una mano", la confianza no perdura.
Prefiero mi soledad y a mi misma, prefiero escuchar a los demás y también guardar en mi silencio lo que escucho, quiero aprender a ser silenciosa, quiero aprender a estar sola, quiero aprender por fin que con la única que puedo contar es conmigo misma.
Desde adolescente me he caracterizado por ser muy expresiva no sólo por medio de la palabra sino por mi forma de dar y confiar todo a mis afectos, o lo que es peor a los que considero "buenas personas". Ésto me ha traído grandes experiencias pero también grandes decepciones porque suelo confiar en la gente y pensar que todos son como yo: personas inocentes, nobles, sin afán de perjudicar a los demás por sentimientos como la envidia.
Hablar. El comunicarse con todos por medio de la palabra siempre ha sido fundamental en mis relaciones; el compartir un poco o un mucho de mi palabra es natural. No lo pienso, sólo hablo, me sale así, nunca me ha importado compartir de todo y con todos, sin embargo hoy me ha llegado la factura de esa forma de vivir, de pensar y de compartir con las personas que se encuentran alrededor.
Es doloroso darse cuenta que el hablar es una forma de perjudicar tu tranquilidad y es también, por increíble que me parecía, una forma de entregar herramientas a las personas que no te quieren para que logren su objetivo, y es mas doloroso todavía descubrir que el hablar es un simple verbo que más que ayudarte a estrechar relaciones importantes sirve para cavar tu propia tumba.
Bueno. Ahora el asunto no es callar por callar, sino saber hacerlo, porque imagínense ustedes que una mujer como yo, expresiva desde naturaleza, desea expresar o más bien seguir expresando, imaginar que realmente si puedes confiar en los demás si hablas con ellos para compartir mediante el habla un cachito de tu ser. He ahí el dilema.
Y estaba pensando en esto cuando, luego de esta gran desilusión tomé un libro de mi madre para alivianar una depresión desastrosa y leí unas líneas de Elena Poniatowska que decían que el escribir “te enseña a guardar silencio”. Y aquí estoy, convencida a callar pero expresando sin hablar; sé que no es una persona, es una hoja, pero no importa, ahora tendré que seguir callando y escribiendo.
Hoy me he quedado un poco muda y por lo tanto me he convertido un poco en otra. Provoco también estar sola, la soledad es parte de ese silencio, pero el estar solo no implica quedarte callado contigo mismo, por eso el escribir y el saberte ahí. La traición no es de uno mismo.
La gente es la que te daña y te lastima. Los amigos como dice el dicho: "se cuentan con los dedos de una mano", la confianza no perdura.
Prefiero mi soledad y a mi misma, prefiero escuchar a los demás y también guardar en mi silencio lo que escucho, quiero aprender a ser silenciosa, quiero aprender a estar sola, quiero aprender por fin que con la única que puedo contar es conmigo misma.
Comentarios
Tú lo has dicho, las palabras que salen de nuestra boca son los alfileres que nos clavan los que conocen nuestro secretos, son las palas que cavan nuestra tumba.
El jueves pasado me enteré demasiado tarde de lo que habías comentado, analicé la situación y caí en la cuenta que había dos o tres personas que no deberían de haber ido, que no deberían de haber escuchado lo que dijiste; porque si antes la situación que explicaste era un secreto a voces, ahora se ha vuelto la prueba, la afirmación de que lo que sospechaban es cierto.
Se que lo que piensas y sientes no puedes sacarlo de tu cabeza, porque al fin y al cabo es parte de tu esencia; pero en esta profesión que decidimos seguir lamentablemente hay que poner máscaras a los demás para que se sientan contentos y no tengan de qué hablar.
Eris.
Cuánto lamento hay en tus palabras que quieres guardar para vos.
Silenciarte, enmudecer, guardarte sin más para no vivir en dolor y soportar así tus momentos asiagos.
Grave error el abrirse a los cuatro vientos, porque tus palabras son el puñal que se incrusta en tu espalda. Pero lo hecho, hecho está. Por eso yo vivo en soledad y en soledad me encuentro con tus palabras justo después de leer un bello poema:"¡Qué raro es que sin conocerte te recuerde! Eres igual a lo que mi instinto busca... Así como si en otro tiempo y en otro mundo ya hubiéramos estado juntos. Qué raro es que te piense y, al pensarte, te vaya recordando fácilmente, sintiendo que naces como en este poema en el que te estoy encarnando" E.N.
Te abrazo
pero mejor me callo...
jaja
no, no es cierto, es broma
pero más o menos concuerdo contigo y tus comentaristas.
Más que callar y quedarse solo, y conmiserarse diciendo "ay porqué no son todos como yo", etc etc, creo que la idea es ser discreto.
Guardar secretos y ser discretos es cosa clave en nuestra profesión
Aunque tambièn es cierto..en otra situaciòn.. "cuando se debe hablar
el silencio...puede ser una traiciòn"