La esperanza
Porque las ilusiones primero se secan como las hojas de los árboles en otoño y luego de caer se las lleva el viento...
Es difícil vivir sin esperanza, pero ¿Qué diablos es la esperanza?
Para comenzar es una palabra que todos conocemos y sentimos pero que es complicado definir. Entonces hoy que me encontré sola -yo y mi mente enredada- me puse a desmenuzar al concepto "esperanza" para aplicar todo lo benéfico de ello a la forma de desarrollar habilidades y sentimientos.
Aunque la palabra en sí sea seductora y valga la redundancia, esperanzadora, lamento decir que es todo lo contrario; sin afán de ser pesimista tampoco, explicaré brevemente por que no considero el término como algo con lo que deba vivirse, al contrario.
La esperanza es una cualidad si se trata del estímulo para conseguir el deseo más ferviente de cada uno y en efecto la probabilidad de que lo logres con mayor éxito. Ejemplo:
Conseguir empleo, comprar un automóvil, salir de un mal periodo, acabar la carrera etc, etc. superficial al fin de cuentas a comparación de lo que sucede si se fractura esa esperanza.
Aquí lo importante ahora es darse cuenta de una sola cosa:
La esperanza es un sentimiento que complica también el estado de ánimo de las personas porque frustra si ésta te promete un deseo que al final no se puede conseguir, si pensabas que las cosas iban a ser de una forma y resultan ser algo totalmente diferente; es ahí cuando te ves encerrado en un trago amargo y piensas que la vida o no es justa contigo o todo lo haces mal. No es así. Lo que pasa es que nadie nos enseña a utilizar a "la esperanza" en fines prácticos. A utilizarla como lo que es : Una palabra.
En la práctica es necesario saber que estar esperanzado te puede provocar los temores y los dolores más fuertes; el aferrarte a una idea, a una forma de vida o a una persona es garantía absoluta de que fallará, porque no todo es responsabilidad de uno mismo, hay muchos otros factores que tarde o temprano no existirán de la manera que queremos que existan a nuestro al rededor.
Por eso mientras más utilicemos a la esperanza en nuestras vidas, más fracasos viviremos. Es mejor no esperar nada y existir como lo marca el tiempo, aprovechar las oportunidades que no son producto de la esperanza sino de lo que, sin darnos cuenta, construimos sólo retomando nuestro presente.

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