Lamento comenzar el año escribiendo en este espacio una aclaración para todos aquellos que se han sentido ofendidos por la entrada anterior y que causó una indeseada controversia. Insisto, no quise lastimar ninguna susceptibilidad, sólo expresar un punto de vista -al que tengo derecho- y que de ninguna manera es contradictorio, pues siempre he pensado así y lo he dicho, cada vez que he podido.
No solamente en el periodismo sino en cualquier oficio y con una regularidad trágica, los recién egresados de las universidades terminan dedicando su vida laboral a cualquier otra cosa que a aquello que estudiaron.
Algunos afortunados que son una selecta minoría, terminan ejerciendo su vocación.
Existen muchos periodistas que tienen una carrera trunca o distinta al periodismo, otros que no tienen ninguna y el diario quehacer periodístico es lo que los forma.
Mi razonamiento es que una trayectoria profesional, plena y fructífera no se basa por absoluta necesidad en una licenciatura, lo que es indispensable es la cultura, la lectura, la experiencia y en comprender que existe un mundo más allá de las aulas y que los mejores maestros que no están en ellas.
En mi caso, estoy agradecida porque he tenido la fortuna de tener una distinguida lista de grandes maestros en los pocos años que llevo en el ámbito periodístico, puedo mencionar de manera especial a Emilo Viale, Guillermina Gómora, Carlos Patiño, Rafael Cardona, Georgina Morett, Néstor Ojeda, Heliodoro Cárdenas, José Contreras, Julián Andrade, Omar Sánchez de Tagle, Daniel Alvarado, Francisco Garduño entre otros, que me han enseñado con diligente y sabia consideración, el magnífico arte de ser periodista; no creo que ninguna institución académica, pudiera alimentarme en tan poco tiempo como lo han hecho estos entrañables profesores.
Reconozco que el problema de mi escrito fue haber puesto como ejemplo un ensayo en particular, a Yael le ofrezco una disculpa pública, Sin embargo, tengo que defender el hecho de que el lado académico no es el único camino, existen herramientas muy poderosas como los libros y el pensamiento.
El mejor alumno es quien quiere aprender y no quien quiere un título para después poder ir presumiendo que es un “licenciado” aunque nunca haya leído ningún libro completo.
Mi afán por seguir creciendo en esta profesión, no cesará por no tener el titulo de licenciada de comunicación o cualquier otro; los retos que quedan en el trayecto, los asumiré como hasta ahora, con estudio, trabajo y absoluta dedicación a mi quehacer periodístico y que es para mí toda una forma de vida.
No solamente en el periodismo sino en cualquier oficio y con una regularidad trágica, los recién egresados de las universidades terminan dedicando su vida laboral a cualquier otra cosa que a aquello que estudiaron.
Algunos afortunados que son una selecta minoría, terminan ejerciendo su vocación.
Existen muchos periodistas que tienen una carrera trunca o distinta al periodismo, otros que no tienen ninguna y el diario quehacer periodístico es lo que los forma.
Mi razonamiento es que una trayectoria profesional, plena y fructífera no se basa por absoluta necesidad en una licenciatura, lo que es indispensable es la cultura, la lectura, la experiencia y en comprender que existe un mundo más allá de las aulas y que los mejores maestros que no están en ellas.
En mi caso, estoy agradecida porque he tenido la fortuna de tener una distinguida lista de grandes maestros en los pocos años que llevo en el ámbito periodístico, puedo mencionar de manera especial a Emilo Viale, Guillermina Gómora, Carlos Patiño, Rafael Cardona, Georgina Morett, Néstor Ojeda, Heliodoro Cárdenas, José Contreras, Julián Andrade, Omar Sánchez de Tagle, Daniel Alvarado, Francisco Garduño entre otros, que me han enseñado con diligente y sabia consideración, el magnífico arte de ser periodista; no creo que ninguna institución académica, pudiera alimentarme en tan poco tiempo como lo han hecho estos entrañables profesores.
Reconozco que el problema de mi escrito fue haber puesto como ejemplo un ensayo en particular, a Yael le ofrezco una disculpa pública, Sin embargo, tengo que defender el hecho de que el lado académico no es el único camino, existen herramientas muy poderosas como los libros y el pensamiento.
El mejor alumno es quien quiere aprender y no quien quiere un título para después poder ir presumiendo que es un “licenciado” aunque nunca haya leído ningún libro completo.
Mi afán por seguir creciendo en esta profesión, no cesará por no tener el titulo de licenciada de comunicación o cualquier otro; los retos que quedan en el trayecto, los asumiré como hasta ahora, con estudio, trabajo y absoluta dedicación a mi quehacer periodístico y que es para mí toda una forma de vida.
Comentarios
Qué te digo
Agradezco tu alusión.
Y te digo lo que ya dije, la juventud es un problema que se quita con los años. Sin duda.
Luego, no hagas caso de críticas sin fundamento. Hay quienes creen que este oficio se ejerce difamando, inventando... Y estamos los que creemos que hay que pensar... Oh, pensar, RAZONAR, argumentar...
Qué más... Ladran, Sancho, señal de que caminamos...
Por cierto, eso no lo dijo nunca el Quijote, ni en el apócrifo.
Un abbrazo
No lo dejes. Trata dde demsotrarte que puedes.
Salud... os
Esperemos que la lección sea aprendida y se haya comprendido, al final, que nuestras acciones siempre tienen consecuencias, y que el daño una vez hecho es difícil eliminaron.
Responsabilidad... Palabra importante.