El resplandor de una conexión
El año pasado fui una reacia y enemiga de las redes sociales puesto que pertenecían a un mundo globalizado, que ponía interés a los asuntos superficiales que nada se asemejaban a mi cautiva sensibilidad. Hoy he sido cómplice de mi propio enemigo con el cual destruiría mi tiempo en una enajenación hasta cierto punto incomoda. Y explico luego de esto, que al menos he sido usuario de las más importantes sitios sociales en Internet que siempre seducen mi atención convirtiéndola en una verdadera masacre de disciplina de acciones ligadas más a la simple cotidianidad de la vida.
Descubrí entonces haciendo una auto evaluación que la clave es la conexión que existe de una a otra persona que ya no puede ser en sentido físico por los muchos motivos que cortan esa conexión. Desde no hablar por teléfono debido a la limitante del crédito, las actividades laborales, los cambios de residencia, diferencia de horarios, entre otras.
Aquí todos los limitantes se acaban pues acerca en una frase, palabra o icono a mucha gente a la vez, entonces te olvidas que estabas solo, pero lo sigues siendo, porque siempre habrá espacio para los sonidos, el contacto y el mirar una sonrisa. Sin embargo no hay tiempo para eso y nos volvemos autóctonos contaminados de la fiebre tecnológica que mantiene el equilibrio entre estar solos y ser parte del mundo, de los demás.
Y eso somos, la presa perfecta. Pero en lo personal me permite conectarme a distintas mentes, ideales y locuras, además de acercarme a los más íntimos lazos que a pesar de la distancia y el tiempo nunca se rompen. Espero esto sea en efecto una fiebre que no me ciegue para siempre y no me paralice las neuronas.
Descubrí entonces haciendo una auto evaluación que la clave es la conexión que existe de una a otra persona que ya no puede ser en sentido físico por los muchos motivos que cortan esa conexión. Desde no hablar por teléfono debido a la limitante del crédito, las actividades laborales, los cambios de residencia, diferencia de horarios, entre otras.
Aquí todos los limitantes se acaban pues acerca en una frase, palabra o icono a mucha gente a la vez, entonces te olvidas que estabas solo, pero lo sigues siendo, porque siempre habrá espacio para los sonidos, el contacto y el mirar una sonrisa. Sin embargo no hay tiempo para eso y nos volvemos autóctonos contaminados de la fiebre tecnológica que mantiene el equilibrio entre estar solos y ser parte del mundo, de los demás.
Y eso somos, la presa perfecta. Pero en lo personal me permite conectarme a distintas mentes, ideales y locuras, además de acercarme a los más íntimos lazos que a pesar de la distancia y el tiempo nunca se rompen. Espero esto sea en efecto una fiebre que no me ciegue para siempre y no me paralice las neuronas.
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