Sicilia
Y del cielo bajó un ángel....
No es que lo compare con un ángel, es que así es la ilustración que lo adornece, sin embargo, debo ser dura y decir que es todo un mito.
El poeta Javier Sicilia, nacio en la muerte; en la muerte de un hijo, en la muerte de la irrealidad e indiferencia, en la muerte de la estabilidad, de un sistema y por lo tanto de un tejido social. Está muerto. No es que así permanezca un país como lo es México; en todo hay probabilidad de un cambio, pero con paz no resuelves los conflictos en los que nos vemos inmersos, no con paz solucionas la corrupción, ni la violencia, ni la injusticia, se requiere un impacto mas fuerte.
Ni dialogando Platón llegó a la verdad, el dialogar y las palabras ocasionan más dudas sobre naturaleza misma del hombre, y aunque esas dudas causaron un mérito en la evolución y en los cambios en los países más desarrollados, en lo práctico, surgieron luego de una guerra.
En efecto, siempre lo he dicho, una guerra es buena desde una perspectiva muy particular. Luego del caos viene el orden. Pero Sicilia? él no hace Guerra, distribuye filosofía pacifica casi armoniosa. En cuestiones de estado y en moral, no es con la paz que se aprenda a superar una crisis...sólo se aprende a golpes fuertes y efectivos.
No es por nada que me gusten la revueltas resonantes como el caso de Europa y Chile, he pensado que las marchas de esperanza sólo fatigan esos pies que tiemplan cuando una autoridad se opone ante éstos. Debería ser al revés; provocar una sacudida aquel grandulón que corrompe y destruye a la ciudadanía.
Como decía entonces, Javier Sicilia, es un hombre inteligente, de amplios panoramas pero en el momento en el que debe proyectarse se inhabilita por la falta de una estrategia y de acciones más contundentes. Asimismo su contribución ante la sociedad, alienta y crea conciencia, sin embargo, no es una promesa de solución debido a su carencia de carácter, tanto del movimiento que encabeza como de él mismo.
En otras oportunidades he expresado mi decepción de ver al poeta hacerse pequeño ante un hombre como Felipe Calderón y sus súbditos que atormentan con un ejercito que perderían en contra de un semejante ejercito de ciudadanos hambrientos de justicia y y repletos de coraje por la desigualdad social y que están detrás de ti, porque necesitan un líder que los impulse.
Por ello, resuelvo que no estoy convencida totalmente del Movimiento por la Paz, Justicia y Dignidad mientras el temperamento de Javier Sicilia se endurezca y reafirme con ímpetu el mapa de acción aunque ésto signifique dejar por un momento la paz y causar revuelo en todos los ordenes posibles a favor de que la voz se escuche y no simule una atención que no existe todavía.
No es que lo compare con un ángel, es que así es la ilustración que lo adornece, sin embargo, debo ser dura y decir que es todo un mito.
El poeta Javier Sicilia, nacio en la muerte; en la muerte de un hijo, en la muerte de la irrealidad e indiferencia, en la muerte de la estabilidad, de un sistema y por lo tanto de un tejido social. Está muerto. No es que así permanezca un país como lo es México; en todo hay probabilidad de un cambio, pero con paz no resuelves los conflictos en los que nos vemos inmersos, no con paz solucionas la corrupción, ni la violencia, ni la injusticia, se requiere un impacto mas fuerte.
Ni dialogando Platón llegó a la verdad, el dialogar y las palabras ocasionan más dudas sobre naturaleza misma del hombre, y aunque esas dudas causaron un mérito en la evolución y en los cambios en los países más desarrollados, en lo práctico, surgieron luego de una guerra.
En efecto, siempre lo he dicho, una guerra es buena desde una perspectiva muy particular. Luego del caos viene el orden. Pero Sicilia? él no hace Guerra, distribuye filosofía pacifica casi armoniosa. En cuestiones de estado y en moral, no es con la paz que se aprenda a superar una crisis...sólo se aprende a golpes fuertes y efectivos.
No es por nada que me gusten la revueltas resonantes como el caso de Europa y Chile, he pensado que las marchas de esperanza sólo fatigan esos pies que tiemplan cuando una autoridad se opone ante éstos. Debería ser al revés; provocar una sacudida aquel grandulón que corrompe y destruye a la ciudadanía.
Como decía entonces, Javier Sicilia, es un hombre inteligente, de amplios panoramas pero en el momento en el que debe proyectarse se inhabilita por la falta de una estrategia y de acciones más contundentes. Asimismo su contribución ante la sociedad, alienta y crea conciencia, sin embargo, no es una promesa de solución debido a su carencia de carácter, tanto del movimiento que encabeza como de él mismo.
En otras oportunidades he expresado mi decepción de ver al poeta hacerse pequeño ante un hombre como Felipe Calderón y sus súbditos que atormentan con un ejercito que perderían en contra de un semejante ejercito de ciudadanos hambrientos de justicia y y repletos de coraje por la desigualdad social y que están detrás de ti, porque necesitan un líder que los impulse.
Por ello, resuelvo que no estoy convencida totalmente del Movimiento por la Paz, Justicia y Dignidad mientras el temperamento de Javier Sicilia se endurezca y reafirme con ímpetu el mapa de acción aunque ésto signifique dejar por un momento la paz y causar revuelo en todos los ordenes posibles a favor de que la voz se escuche y no simule una atención que no existe todavía.
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